sábado, 18 de septiembre de 2010

"PULNEJA"

PULNEJA
POR FLOR ANDREA SALAZAR LARA

Cómo estarse quieta sin poder decidir si acompañarlos o no, de cualquier manera no tenía nada urgente que hacer, acompañarlos solo significaría perder una tarde más y quizás con suerte regresar con algo nuevo a casa, siempre sucedía así. Pero el tedio de ir, de caminar varias calles, andar entre la gente que es más alta que ella le provocaba una sensación de fastidio casi insoportable.

Después de pensarlo varias y repetidas veces decidió acompañarlos, cogió una manzana para ir comiendo y salió muy tranquila de casa, sin dudar en la puerta de la decisión de acompañarlos. Bajando las escaleras metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón, se podían sentir algunas monedas, quizás seis o siete, suficientes para comprar algún dulce, o cualquier chuchería. En el bolsillo derecho, una maraña de hilo con un poco de pelusas sobrevivientes a la lavadora, nada grave.

Subió al auto, y el camino se hizo leve y corto porque recargó su cabeza sobre el respaldo del auto y cerró los ojos sin dormirse, hasta que llegaron.

Ya ahí, era de esperarse, mucha gente, pero trató de no fastidiarse, mejor comenzó a caminar con pasos lentos como lo hacía la demás gente.

Había mucho que ver, poco a poco se distraía en esto y aquello. Cuando se viene a estos lugares, el tiempo se pasa volando, pensaba ella, habían pasado noventa y tres minutos desde que habían llegado al lugar.

Varios pasillos avanzados, pero caminar aun no se volvía un martirio, las casitas de colores, como ella les llamaba, mostraban muchas curiosidades, pero ninguna tan impactante como para durar más de cinco minutos en ella. Varias casitas adelante, mientras ellos compraban algunas cosas, ella se detuvo y miró detenidamente el letrero de una casita. Al principio creyó que estaba leyendo mal, después miró letra por letra, no se equivocaba, entonces decidió acercarse un poco más y vio que el letrero decía bien SE VENDEN PULNEJAS

No quería preguntar qué era una Pulneja, sólo estaba decidida a comprar una, costara lo que costara. Con suerte y era muy barata.

Se acercó a la vendedora y pidió que le dieran una Pulneja, la vendedora con una sonrisa amable levantó las enaguas de la silla y fue hacia la parte trasera de la casita, se veía que hacía algo, movía las manos. Regresó al frente de la casita con una caja no muy grande de cartón y se la entregó diciéndole que te sea de mucha utilidad. Ella solo asintió con la cabeza y preguntó cuánto es, la vendedora respondió que cinco pesos. Ella, con una gran sonrisa metió la mano en la bolsa izquierda del pantalón, donde recordaba tenía seis o siete monedas, las sacó y contó hasta cinco, dijo gracias y dio la vuelta.

Teniendo la caja en sus manos sintió que algo dentro se movía, entonces supo que su Pulneja era algo que tenía vida.

"LAS COSAS DE LA GENTE"

LAS COSAS DE LA GENTE
POR FLOR ANDREA SALAZAR LARA

Libro de mesa con cuchara en vaso y calceta por alcancía con perfume de ropero sin collar en lápiz y pan de pinza y caña de calzón para listón de papel en carro de juguete de madera y metal con computadora de tapa al bisturí. La palanca del retrete tiene jabón de galleta en sartén de escalón a la cocina de cántaro y chaqueta en su sostén de cable con disco de caja para bufanda de varilla con cartón y cartel por maleta. El bastón y la toalla en cama usan condón por ventana con bocina de mosaico y alberca que la carpeta con estola y el anillo para bandera con muñeca de campana tiene aguja en la revista del edificio con buzón de dulce para la puerta de jarra con cuadro de botella con chicle de alacena de barco y palo de bombilla en aceite sin colchón ni zapatos de mochila que el dinero y la moneda en la llanta pica la pelota con cinta de gel en la torre del camino.

lunes, 13 de septiembre de 2010

“PLATO”

PLATO
POR FLOR ANDREA SALAZAR LARA

Ciento cuarenta migajas, quizás más, ciento cuarenta veces la misma materia dividida, y ciento cuarenta formas azarosas de no haber sido ingerido y terminar siendo migaja.

Es sencillo, durante algún periodo de la vida, el azar no existía, y el pan no sufría la angustia de fragmentarse y quedar en pedacitos diminutos en un plato. Pero el mundo se volvió impredecible, el azar domina cualquier tipo de situación, hasta estar entre terminar ésta historia o no.

“LA MERA HORA / HISTORIA IMPRECISA”

LA MERA HORA / HISTORIA IMPRECISA
POR FLOR ANDREA SALAZAR LARA

La mera hora nunca quiso serlo, en realidad estuvo intentando no serlo durante muchos años, pero siempre por alguna razón terminaba siendo la mera hora. Nunca le gustó su nombre, parecía que se lo habían otorgado sin pensarlo mucho y muy inmediato, a la mera como quien dice bien.

La mera hora conoció a la hora exacta, al principio no se frecuentaban tanto, sobran las razones por las que sus encuentros no eran tan seguidos, sin embargo con el tiempo, se fueron abriendo espacios para encontrarse más seguido.

La hora exacta cita a la mera hora en un café del centro, mismo que tiene un bonito reloj de cuarzo semitransparente, y mientras la hora exacta llega, la mera hora permanece en casa esperando a que la hora exacta llegue para ir a su cita. A la hora exacta el encuentro se lleva a cabo, La mera hora se sentía muy entusiasmada con la personalidad de la hora exacta, tan precisa ella, sin ningún contratiempo, pero es extraño, nadie va contra el tiempo, es sólo que a veces el tiempo tiene pequeños o inmensos bordes.

“AZUL DOS DÍAS DESPUÉS POR UN GIMNASTA”

AZUL DOS DÍAS DESPUÉS POR UN GIMNASTA
POR FLOR ANDREA SALAZAR LARA

Tengo frente a mí el mismo azul pero en agua, ya he decidido (algo parecido a buscar) me truenan los huesos también bajo el agua, esto no se parece a escribir, tampoco a la sintomatología de plasmar, es sólo las manos letradas, es sólo las manos letradas, venir y embadurnar de tinta los lugares, saltar, y entonces venir, venir y saltar, alguien se aproxima, quizás las letras y por eso la cuestión, salirse ¡Basta! A veces la ciudad está más llena de cosas catastróficas que nomás andan provocando la parafernalia visual, aquí nomás un chingo de agua, pero el azul es importante, sólo estoy tentando la calma, el ensayo de la parsimonia. La verdad es que esto sólo es un pretexto hostil porque entonces pienso ¿quién hace las cosas y porqué?